Tras más 200 kilómetros de curvas por el Penedès y otra jornada de 350 con 100 kilómetros de pistas, la trail A2 de KTM sorprende por el empuje de su motor y su polivalencia.

Las primeras curvas por el Penedès (Barcelona) sirven para situarse, pero también para empezar a cambiar de idea sobre lo que puede ofrecer una trail de esta cilindrada. Abres gas, dejas que el motor suba de vueltas y la KTM 390 Adventure R responde con un empuje que sorprende. Después llegan las pistas y aparece el otro argumento de esta moto: la confianza para seguir cuando se acaba el asfalto.

La prueba de la versión 2026 se repartió en dos jornadas. La primera sumó más de 200 kilómetros por carreteras reviradas del Penedès; la segunda combinó autovía, carretera y 100 kilómetros de pistas. Un recorrido variado para descubrir sus virtudes y también esa parte del carácter del motor que complica los pasos más lentos.

Una trail A2 con intención

La 390 Adventure R se dirige a quien quiere alternar carretera y tierra con una moto manejable, compatible con el carnet A2 y con la personalidad de KTM. Su monocilíndrico LC4c cubica 398,7 cc y declara 45 CV y 39 Nm. La propuesta se apoya en ruedas de radios de 21 pulgadas delante y 18 detrás y suspensiones WP APEX regulables, con 230 mm de recorrido en ambos ejes.

KTM declara un peso de 165 kg sin combustible y 176 kg con el depósito lleno, cuya capacidad es de 14 litros. Son cifras que conviene tener presentes al valorar una moto con asiento a 870 mm y una orientación clara hacia la conducción fuera del asfalto.

Al manillar: cómoda y con espacio

Con mis 1,75 m, me encontré cómodo y llegaba justito al suelo pero a estas alturas no es ningún inconveniente. La altura del asiento puede imponer sobre el papel, pero en mi caso pude apoyar con confianza y mover la moto en parado sin muchas dificultades. Es una valoración personal que también depende de la longitud de las piernas, del calzado y del ajuste de las suspensiones.

La posición de conducción resulta natural y deja espacio para moverse. Esa libertad se agradece en pistas, donde puedes cambiar la posición del cuerpo sin sentirte encajonado. Tanto sentado como de pie, la ergonomía funciona bien y ayuda a mantener el control.

Al terminar los recorridos no acabé cansado, una buena señal sobre la comodidad del conjunto. La facilidad para maniobrar también suma confianza, aunque en algunas situaciones delicadas fuera del asfalto sigue siendo más práctico bajarse y empujar para colocar la moto.

Un motor que pide vueltas y devuelve diversión

El motor es una de las grandes sorpresas de esta prueba. A partir de unas 4.000 rpm empuja con fuerza y mantiene ese carácter hasta la zona alta del cuentavueltas. En carretera ofrece mucho juego y una respuesta que invita a aprovecharlo al salir de las curvas.

La otra cara aparece cuando cae de vueltas. Por debajo de unas 3.000–4.000 rpm, según la situación, el monocilíndrico protesta y avanza a trompicones. No conviene pedirle que recupere desde demasiado abajo: toca escoger una marcha adecuada y mantenerlo en una zona donde trabaje con soltura.

En un paso técnico lento, esa respuesta resulta menos cómoda. Obliga a estar pendiente del régimen y a dosificar con el embrague, en lugar de dejar avanzar la moto a muy pocas vueltas. El empuje está ahí, y en abundancia para esta cilindrada, pero agradecería un funcionamiento más suave en la parte baja.

La unidad probada equipaba quickshifter para subir y bajar marchas. También se perciben vibraciones en las estriberas y en el manillar, especialmente cuando se exige al motor. Forman parte de la experiencia de conducción y merecen mencionarse, aunque no impidieron terminar las jornadas con buenas sensaciones de comodidad.

Las curvas no le vienen grandes

En las carreteras reviradas del Penedès, la 390 Adventure R entra en curva con facilidad y permite enlazar cambios de dirección sin esfuerzo. La rueda delantera de 21 pulgadas no fue un obstáculo para disfrutar del asfalto: el tren delantero transmitió confianza y la moto respondió con agilidad.

Los neumáticos mixtos, más asfálticos que de tierra, también ofrecieron buenas sensaciones en este escenario. KTM anuncia para el modelo los Mitas Enduro Trail E07+, una elección que busca combinar carretera y tierra. Durante la prueba, la confianza al apoyar y el empuje del motor hicieron de los tramos de curvas uno de sus terrenos más divertidos.

Suspensiones para ajustar a cada recorrido

Las suspensiones trabajan muy bien y su posibilidad de regulación tiene utilidad real en una moto de este tipo. Un ajuste más firme en carretera ayuda a contener el hundimiento de la horquilla al frenar y a mantener el conjunto más sujeto. Al pasar a pistas, un reglaje más suave permite absorber mejor las irregularidades y copiar el terreno.

La horquilla WP APEX de 43 mm permite regular compresión y extensión con la mano, sin herramientas; el amortiguador trasero ofrece ajustes de precarga y extensión. En la práctica, la buena respuesta de las suspensiones fue una de las claves de la confianza que transmitió la moto fuera del asfalto.

Los frenos ofrecen una potencia dosificable. En tierra, con el ABS trasero desconectado, la rueda posterior se bloqueaba con facilidad al accionar el pedal. Hay que tener tacto con el pie derecho si se quiere evitar una derrapada más pronunciada de lo previsto. Y el tren delantero, al segiur activo el ABS en frenadas fuertes sobre tierra puede resultar algo intrusivo.

Ciudad y autovía: también cumple

En ciudad se desenvuelve bien entre coches, aunque la anchura del manillar obliga a calcular el espacio cuando intentas pasar entre ellos. Su facilidad para moverla ayuda en el uso diario, pero esas dimensiones conviene tenerlas presentes.

En autovía resulta cómoda, con una posición natural y una buena protección aerodinámica. Los tramos de enlace se hicieron principalmente a unos 90–100 km/h por ir con un par de motos menos rápidas, por lo que la valoración de confort corresponde a ese ritmo. La respuesta del motor también dejó buenas sensaciones al adelantar. Como apunte decir que la velocidad máxima va más allá de los 160 km/h.

El consumo mixto calculado durante la prueba fue de 4,3 l/100 km, combinando carretera, autovía y pistas. Es una referencia de este recorrido y de sus condiciones de uso, más útil que presentarla como una cifra que se vaya a repetir en cualquier situación.

Modos sencillos, menús mejorables

En carretera utilicé el modo Street con control de tracción y, en pistas, el modo Offroad. Cambiar entre ellos resulta sencillo, una ventaja cuando alternas superficies durante la misma salida.

Conviene distinguir las ayudas: el modo Offroad permite mayor deslizamiento de la rueda trasera y su ajuste de ABS permite bloquearla al frenar. Ademas desconecta el control de tracción.

La instrumentación deja una buena impresión. Ofrece información como autonomía, ODO parcial y datos de viaje ademas permite gestionar con facilidad los modos. Todo de forma muy intuitiva y sencilla.

Cien kilómetros de tierra con confianza

La segunda jornada permitió dedicar 100 kilómetros a las pistas. Había llovido el día anterior y encontramos un terreno generalmente favorable, con bastante agarre y algunos tramos de barro que cambiaban las exigencias.

En esas condiciones destacaron la estabilidad, la ergonomía y, otra vez, el empuje del motor. La moto permite moverse con libertad, conducir de pie con comodidad y afrontar las pistas con confianza. Las suspensiones acompañan y hacen que el conjunto resulte convincente cuando el terreno se vuelve irregular.

El límite de los neumáticos apareció especialmente en el barro. Su planteamiento mixto permite disfrutar de superficies variadas, pero no ofrece el agarre de un neumático de orientación específica para ese terreno. La elección de las gomas será decisiva para quien quiera aumentar la exigencia fuera del asfalto.

También vuelve aquí la principal reserva sobre el motor: en zonas lentas y técnicas, su respuesta a pocas vueltas exige más trabajo o llevar más alto de vueltas. En pistas donde puede girar con alegría, en cambio, su fuerza es uno de los mayores atractivos de la moto.

Para quien quiere una trail de verdad

La recomendaría a un usuario del carnet A2 que busque una moto polivalente para disfrutar de carretera y pistas, y que valore el carácter y la vinculación con una marca como KTM. También tiene sentido para quien priorice la manejabilidad y quiera moverse entre ambos terrenos con una moto que transmite confianza.

Después de estas dos jornadas, sus mejores argumentos son el motor cuando sube de vueltas, la ergonomía, la agilidad en curvas y el trabajo de las suspensiones. Afinar la respuesta a bajo régimen y reducir las vibraciones haría más agradable una moto que ya ofrece muchas razones para seguir sumando kilómetros.

La KTM 390 Adventure R 2026 tiene un precio anunciado en España de 6.999 euros, IVA incluido. La web oficial muestra una decoración que combina blanco, naranja y negro.