Cuatro días atravesando los Pirineos entre España y Francia, enlazando algunos de sus puertos más míticos y buscando siempre carreteras secundarias. Una ruta de 1.340 kilómetros que demuestra que para vivir un gran viaje en moto no hace falta irse demasiado lejos.

Por Josep Ripoll

Cuando empezamos a preparar esta Transpirenaica nuestra teníamos bastante claro lo que buscábamos. No queríamos llegar rápido a ningún sitio ni acumular kilómetros por el simple hecho de hacerlo. Queríamos conducir, disfrutar de las curvas, descubrir paisajes y compartir carretera. En definitiva, hacer aquello para lo que una moto resulta difícil de superar: viajar sin prisas aunque al final del día hayas recorrido unos cuantos cientos de kilómetros.

El plan era atravesar buena parte de los Pirineos durante cuatro días, combinando la vertiente española y francesa, evitando siempre que fuera posible autopistas y autovías. Por delante teníamos aproximadamente 1.340 kilómetros, muchos puertos de montaña y seis compañeros dispuestos a disfrutar del viaje.

Primera etapa: de Barcelona a Broto, 330 km para entrar en materia

Salimos de Barcelona en dirección a El Bruc, donde nos reunimos los seis integrantes del grupo. A partir de ese momento comienza realmente el viaje y también nuestra particular obsesión: buscar carreteras que nos permitan disfrutar de la moto.

Ponemos rumbo hacia Ponts y Camarasa para ir remontando la Noguera Pallaresa. El paisaje empieza a cambiar rápidamente. Dejamos atrás el entorno más urbano y aparecen el pantano de Terradets, las montañas y esas carreteras que justifican por sí solas levantarse temprano y ponerse el casco.

El Pirineo se va acercando y nosotros vamos entrando en situación. Son carreteras donde tan importante resulta lo que sucede delante de la rueda como lo que aparece alrededor. El ritmo del viaje cambia y las paradas empiezan a formar parte del recorrido.

Pasamos también por Laspuña y nos acercamos al Cañón de Añisclo, uno de esos lugares que merecen una visita con más calma. La carretera serpentea entre paredes rocosas acompañando durante parte del recorrido al río Bellós antes de continuar hacia nuestro destino.

Después de 330 kilómetros llegamos a Broto, junto al río Ara y a las puertas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Primera etapa completada. Ha sido larga, pero suficiente para confirmar algo que ya intuíamos cuando salimos de Barcelona: este viaje promete.

Segundo día: los grandes puertos franceses

A las nueve de la mañana dejamos Broto. Nos espera una etapa algo más corta, alrededor de 280 kilómetros, pero posiblemente la más intensa de toda la Transpirenaica.

Pasamos por Búbal, Lanuza y Sallent de Gállego camino de la frontera. Es una zona muy turística y encontramos bastante tráfico, aunque el paisaje compensa. Cruzamos a Francia por El Portalet, a 1.794 metros, y a partir de aquí comienza uno de los platos fuertes del viaje.

Tenemos por delante algunos de los nombres que cualquier aficionado al ciclismo reconoce inmediatamente, pero que desde el asiento de una moto adquieren otra dimensión.

El primero es el Col d’Aubisque, a 1.709 metros. Después llega el Col du Tourmalet, a 2.115 metros, posiblemente el puerto más emblemático de toda la jornada. Continuamos por el Col d’Aspin, a 1.489 metros, el Col de Peyresourde, a 1.569 metros, y finalmente el Col du Portillon, a 1.293 metros, antes de regresar hacia España.

Es difícil elegir uno. Cada puerto tiene su personalidad y entre uno y otro aparecen valles, pequeños pueblos, cambios de vegetación y una sucesión casi permanente de curvas. Hay días en los que el destino importa poco porque todo lo que sucede entre la salida y la llegada es precisamente el motivo del viaje. Este es uno de ellos.

Entramos nuevamente en España y alcanzamos Bossòst antes de terminar en Les, en el Valle de Arán, con el río Garona acompañándonos en los últimos kilómetros.

Han sido 280 kilómetros. Sobre el papel no parecen demasiados, pero después de pasar buena parte del día enlazando puertos de montaña la sensación es muy distinta. Llevamos solo dos jornadas y esta Transpirenaica ya empieza a convertirse en uno de esos viajes que sabes que recordarás durante mucho tiempo.

Tercer día: cruzar el Pirineo catalán hasta el Mediterráneo

La tercera jornada cambia completamente de escenario, aunque no de filosofía. Salimos sobre las 8:30 de la mañana para atravesar el Pirineo catalán de oeste a este y terminar junto al Mediterráneo.

Nos espera la etapa más larga: alrededor de 400 kilómetros.

Desde el Valle de Arán ponemos rumbo hacia Sort y afrontamos el Port del Cantó, a 1.718 metros. Después seguimos hacia La Seu d’Urgell y Alp para continuar por la Collada de Toses, Ribes de Freser, Ripoll y Camprodon.

La ruta vuelve a demostrar hasta qué punto el Pirineo es un territorio excepcional para viajar en moto. No hace falta buscar grandes destinos exóticos cuando tenemos semejante combinación de carreteras, montaña y paisaje a pocas horas de casa.

Desde Camprodon afrontamos otro de los pasos destacados de la jornada, el Coll d’Ares, a 1.512 metros, antes de descender hacia Prats de Molló. Continuamos después por Maçanet de Cabrenys y Figueres hasta alcanzar finalmente Colera.

Y esta vez tenemos un invitado durante buena parte de la etapa: la lluvia.

Lejos de arruinar el día, termina formando parte del viaje. Obliga a cambiar el ritmo, aumenta la atención y transforma por completo algunos paisajes. Cuando finalmente llegamos a Colera hemos completado otros 400 kilómetros.

Después de dos días rodeados de cumbres, acabar frente al Mediterráneo tiene algo especial. Colera es un pequeño pueblo marinero castigado habitualmente por la tramontana. Nosotros llegamos cansados, mojados y con una buena colección de kilómetros encima, pero también con esa sensación difícil de explicar que aparece cuando una jornada en moto ha valido realmente la pena.

Último día: las curvas de la Costa Brava

Nos queda regresar a casa, pero todavía no estamos dispuestos a hacerlo por el camino más rápido.

Salimos de Colera alrededor de las diez de la mañana y ponemos rumbo hacia Sant Feliu de Guíxols. Después de tres jornadas de Pirineos, la montaña deja paso al Mediterráneo y las grandes ascensiones a las carreteras que recorren la costa.

Y antes de terminar el viaje todavía nos reservamos un último regalo: la carretera entre Sant Feliu de Guíxols y Tossa de Mar, uno de los tramos más conocidos por los motoristas catalanes por su interminable sucesión de curvas y las vistas sobre el Mediterráneo.

Es una carretera fantástica, aunque conviene recorrerla con atención. El estado del asfalto no es perfecto en algunos puntos y las reparaciones longitudinales pueden resultar delicadas, especialmente con humedad.

Dejamos atrás Tossa y buscamos un lugar donde reunirnos todos para comer. Después de cuatro días compartiendo carretera, es probablemente la mejor forma de terminar el viaje: sentados alrededor de una mesa comentando puertos, curvas, lluvia, anécdotas y todos esos pequeños momentos que después son precisamente los que acabamos recordando.

No son los Alpes. Son nuestros Pirineos

Al terminar una Transpirenaica resulta inevitable hacer balance. Hemos recorrido aproximadamente 1.340 kilómetros en cuatro días, atravesado dos países, enlazado algunos de los puertos más conocidos de los Pirineos y pasado de Barcelona a la alta montaña para terminar prácticamente con las ruedas junto al Mediterráneo.

Pero reducir el viaje a esas cifras sería quedarse solo con una parte de la historia.

Lo mejor han sido las carreteras, por supuesto. También los paisajes. El Tourmalet, Aubisque, Peyresourde, el Valle de Arán, el Port del Cantó, el Coll d’Ares o la Costa Brava justifican sobradamente el viaje. Pero cuando bajas de la moto descubres que hay otra parte igual de importante: con quién has compartido todos esos kilómetros.

No son los Alpes. Tampoco hace falta que lo sean. Son nuestros Pirineos: impresionantes, cercanos y con suficientes carreteras como para regresar una y otra vez.

Y es que, con amigos, una moto y una buena ruta, tampoco necesitamos mucho más.

Ficha de la ruta

Ruta: Transpirenaica Barcelona–Pirineos–Costa Brava
Duración: 4 días
Distancia total: aproximadamente 1.340 km
Países: España y Francia
Tipo de recorrido: asfalto y carreteras de montaña
Puntos destacados: Broto, Portalet, Aubisque, Tourmalet, Aspin, Peyresourde, Portillon, Valle de Arán, Port del Cantó, Collada de Toses, Coll d’Ares, Colera y Costa Brava.
Mejor época: final de primavera, verano y comienzo del otoño, siempre comprobando previamente meteorología y estado de los puertos.

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